sábado, 17 de enero de 2015

Las series españolas son una mierda


Como seguramente a muchos de vosotros, me gusta ver series. No tengo un género predilecto así que suelo ver ficción de todo tipo: histórica, comedia, policíaca, de corte juvenil… Pero si hay algo en común entre todas las series que sigo es que ninguna es española.

Y es que vamos a ver, en este país tenemos un serio problema a la hora de hacer series, por lo menos buenas. El reciente fracaso de Alatriste viene a sumar otro despropósito más a una lista que ya es preocupantemente larga de bodrios que hemos tenido la desgracia de ver en televisión. Lo más grave de todo esto es que las otras series que han conseguido mantenerse tampoco son buenas, por lo que llegamos a la conclusión de que si en España una serie triunfa o no, nada tiene que ver con su calidad, sino con que a la gente le atraiga más o menos lo que ve en pantalla.

Lo primero que falla (y de la peor forma posible) es precisamente lo que más se tendría que cuidar: las tramas. Nos encontramos en la mayoría de los casos con tramas ligeras, muy manidas, simplonas, y que avanzan muy muy despacio, pensadas así precisamente para que cualquiera pueda engancharse rápidamente sin tener que haber visto los capítulos anteriores. Se sacrifica así el profundizar en las tramas, los giros de guion o la evolución de los personajes en pos de asegurarse la audiencia fácil en cualquier momento, aunque la serie vaya por la 3º temporada y no hayas visto ni un solo episodio.
Si a esto le añadimos que la duración media de los capítulos es de 70 u 80 minutos, nos encontramos con auténticos bodrios interminables y faltos de ritmo, con historias secundarias absurdas e innecesarias y escenas vacías que no aportan absolutamente nada. Pero claro, de alguna forma habrá que rellenar la casi hora y media que dura el capítulo.

Todo esto se podría disimular o maquillar si hubiera unos personajes potentes y atrayentes, que sean capaces de atraparnos, de hacer que nos preocupemos por las cosas que les pasan y lo más importante: que al terminar el capítulo estemos deseando ver el siguiente. En lugar de esto, tenemos personajes estereotipados que dan la sensación de haber visto ya antes en muchas otras series: niña buena que se enamora de chico malo o inalcanzable; familia con hijo rebelde, una hermana empollona, un cuñado graciosillo y una abuela con mala leche; oficina con becaria tonta, jefe insufrible y triángulo amoroso entre trabajadores… El esquema es más o menos así, con sus respectivos líos amorosos en todos, repito: todos los casos.

Personajes que para más inri, suelen ser interpretados  por actores mediocres, pero eso sí, muy guapos, porque parece que el físico prima más que la calidad de la interpretación. Es cierto que también aparecen algunos actores de nivel, pero suelen tener papeles menores o secundarios. “Chapó”.

Creo sinceramente que en España se pueden hacer series de calidad (porque también las hemos hecho) si las productoras se lo proponen. Ya asoman algunos proyectos como la recién estrenada Victor Ros o la futura miniserie Refugiados, que parece llevar un camino distinto, más próximo al modelo americano y británico. Y es ahí donde radica el último problema: las productoras no se proponen hacer series de calidad porque lo que hacen les funciona en términos de audiencia, que al fin y al cabo es lo único que les importa. Así tenemos series como El Príncipe o Velvet (ejemplos clarísimos de lo que explico) que día tras día consiguen audiencias superiores a los 4 millones. Las productoras y los canales de televisión conocen el mercado en el que trabajan, saben lo que la gente consume y es lo que les da. Si esto funciona: ¿Qué más da que sea una mierda?

No hay comentarios:

Publicar un comentario