lunes, 19 de enero de 2015

Relaciones Inalámbricas


En pleno Siglo XXI muchas cosas son las que han cambiado en todos los aspectos para nuestra sociedad. En general todos hemos notado un aumento de la calidad de vida y los adelantos tecnológicos han conseguido que todo resulte más sencillo y esté al alcance de nuestra mano.

Pero aunque no deja de ser evidente que esto es así, estamos asistiendo a un uso desmedido de ciertas utilidades que estos adelantos tecnológicos ofrecen, haciéndose totalmente patente la frase que dijo en su día Albert Einstein: “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad; el mundo solo tendrá una generación de idiotas”.

No quiero ser hipócrita, pues yo mismo hago uso del móvil más de lo que debería, lo reconozco. Pero también reconozco que hay ciertos límites que no se deberían sobrepasar. No es raro observar una reunión de amigos en las que todos y cada uno  de ellos están pendientes a la pantalla de sus móviles, incluso hablando entre ellos a través de ellos.  O la tristísima situación de ver una pareja en una supuesta cena romántica en la que ninguno de los dos se mira a la cara. Quizás sean estos ejemplos demasiado excesivos, pero creedme, sucede más de lo que debería.

Ahora todos estamos metidos en infinidad de “grupos del infierno”, como yo los llamo, en el que tenemos a amigos, gente del trabajo, conocidos, ligues (ejem)… que no paran de taladrarnos a cada momento con imágenes absurdas y poco más, porque si quitamos todo lo innecesario poco queda que valga.

El problema no es que esto exista, cada uno con su tiempo hace lo que quiere, sino que muchas veces estas quedadas online están sustituyendo las de toda la vida, de esas de tomarse algo y charlar, cara a cara, sin un móvil repiqueteando a cada cinco segundos. Ahora ni siquiera necesitamos llamar a nadie. El WhatsApp nos pone el futuro en la palma de la mano, pero por el camino nos deja, en ocasiones, mas aislados de lo que nunca pensamos que estaríamos.

Solo hace falta ver a los niños pequeños de hoy. Todos ellos tienen tableta y móviles (MÓVILES), algunos incluso con tarifa de datos. Ver un grupo de niños con la cabeza agachada y la mirada fija en una pantalla es lo más normal del mundo ahora. Charlar entre ellos sin hablar también. ¡Es que así es más divertido!

Vuelvo a repetir, yo hablo por WhastApp constantemente, digo tonterías como el que más, y comparto memes si se tercia. Pero nunca cambiaré la posibilidad de tener en frente a esa persona con la que quieres hablar, mientras te echas unas risas e interactuas con ella. Puede que la tecnología nos haga la vida más fácil, pero también nos puede convertir en unos idiotas enganchados a relaciones inalámbricas…



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