miércoles, 14 de enero de 2015

Sin noticias de Dios


Si a uno le da por repasar los dogmas de las distintas religiones, además de ver extrañas coincidencias, puede ver como su eje central suele ser eso de amor para todos y tratar al prójimo como a uno mismo, entre otras sandeces que todos predican pero nadie cumple.

Si algo demuestran las religiones en su vertiente más fundamentalista y radical es que todo aquello que no está dentro de su fe está contra ella. A partir de aquí y dependiendo del grado de locura divina que éstas tengan su respuesta puede ser un discurso incendiario desde un púlpito (que puede causar daño indirectamente) o, como hemos visto por desgracia la semana pasada y mucho tiempo atrás, llamando a la guerra santa contra los llamados infieles (lease todo aquel que no piense y actúe como ellos han inventado).
El principal problema es que algunas religiones usan la desesperación de la gente, que vive en una miseria absoluta mientras sus dirigentes reciben baños de oro y diamantes provenientes del petróleo, para intentar sembrar el caos en el mundo. El IS (Estado Islámico) ha anunciado que quieren reconquistar el antiguo Imperio Musulmán, del que nuestro país era parte central (La Alhambra y la Mezquita, entre otros, son testigos vivientes de Al Andalus), y quieren hacerlo con el terror por bandera. Decapitaciones televisadas, atentados suicidas, lobos solitarios a la caza de una presa asustada y muy fácil…

Pero llama la atención el grado de inventiva que tienen estos grupos terroristas, pues recuerdan solo lo que les conviene de su glorioso pasado. Obvian la importancia cultural que tuvo el Imperio Musulmán, la apertura a otras culturas y otras religiones (a las que no se les imponía el Islam a cambio de un tributo)… una sociedad urbana que dista mucho de lo que viven los que hoy forman parte de ella y de lo que quieren imponer al resto.

Sombríos tiempos son los que nos toca vivir a partir de ahora. Atentar, por desgracia, es muy sencillo y nuestra sociedad tiene unas libertades, conseguidas tras mucho sufrimiento, que no podemos ni queremos perder. Muchos son los que ahora quieren coartar esas libertades esgrimiendo la bandera de la seguridad. Otros intentan usar este temor como bandera política para hacer que el monstruo de la extrema derecha que tanto daño hizo al viejo continente se haga más fuerte a pasos agigantados, algo ruin y despreciable.

Es un tema muy complicado, pero las autoridades mundiales deben encontrar un término medio que no afecte a nuestro modo de vida ni que suponga vivir en una especie de gran hermano mundial, mientras que los ciudadanos no deben dejarse arrastrar por el miedo hacia lugares que solo nos van a traer más sufrimiento. Debemos aprender de los errores, aunque el ser humano no sepa muy bien como hacerlo. También debemos hacer ver a todas las religiones que el individuo y la comunidad están por encima de todo, por lo que el respeto a las libertades de cada uno siempre debe estar por encima de cualquier dogma o fe.

Mientras tanto un servidor, que cada vez cree en menos cosas, sobre todo en cuentos de hadas y dioses inventados, aunque las respeta si recibe el mismo trato,  sigue esperando que aquello en lo que millones de personas en todo el mundo creen haga acto de presencia para, primero, callarme la boca. Y a continuación hacer que lo que comenzó siendo un paraíso vuelva a serlo de una vez por todas…  Pero aquí me tenéis, sin noticias de Dios…

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