domingo, 24 de mayo de 2015

Somos lo que votamos


El domingo hay elecciones y, salvo sorpresa mayúscula, volverá a ganar el partido popular. Atrás quedan cuatro años de promesas incumplidas, faltas de respeto a una ciudadanía que ha aguantado lo inimaginable y casos de corrupción que habrían hecho dimitir a cualquier persona decente. Pero de esos parece que hay poco en política en nuestro país.

Mientras tanto seguimos enterándonos de chanchullos y mordidas que hasta el mas tonto del pueblo se llevaba a casa. Dinero público que se ha malgastado mientras teníamos recortes demenciales en educación, sanidad o dependencia. Pero nada de eso importa: los españoles tenemos una increíble capacidad para quejarnos de todo y de todos pero, a la hora de la verdad, somos unos cobardes que prefieren que les roben y les mientan en sus narices antes de hacer algo para cambiarlo, más que la típica queja de tertulia. Si algo no funciona, ¿Para qué molestarse en cambiarlo?

Muchas veces me he preguntado por qué la corrupción nunca se castiga en las urnas. Y la respuesta, aunque evidente, me da increíble pena: el ciudadano no castiga estos comportamientos porque, si estuviera en el lugar del que lo comete, haría lo mismo o peor. Esa es la puñetera verdad. Podéis rasgaros las vestiduras, pero es así. 

A partir del 25 de mayo me gustaría escuchar a todos esos españoles que se sintieron avergonzados de los Andaluces por haber votado al PSOE, como llevan haciendo 30 años. Que si subvencionados, que si paletos, que si daban vergüenza... Puede que, todos esos calificativos que nos regalaron, tengan que usarlos para ellos mismos. Porque no es un problema de comunidades, es un problema de actitudes. Y nos guste o no, Spain is different. Para lo bueno, pero sobre todo para lo malo. 

Dentro de cuatro años, después de quejas y quejas, volveremos a tener lo mismo que nos merecemos. Porque la mayoría no aprende. Ni quiere hacerlo. Solo quieren hacer como ellos. Disfruten lo votado...

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