viernes, 4 de septiembre de 2015

El Dios de unos pocos



Alexander Salinas es un chico de 21 años que vive en la localidad gaditana de San Fernando y al que el obispado de Cádiz le ha negado la posibilidad de ser padrino en el bautizo de sus dos sobrinos. Este muchacho, creyente, practicante, con una vida normal como la tuya o la mía, no ha cometido ningún delito, ni mucho menos ha matado a nadie. No es un criminal o un corrupto, ni un estafador, ni tiene cuentas ilegales en países extranjeros. Entonces, ¿por qué se le prohíbe algo tan cotidiano cómo es ser el padrino en un bautizo? Es la pregunta que os rondará a todos por la cabeza. La respuesta oficial dada por la Congregación para la Doctrina de la Fe (ahí es nada) es que “Resulta evidente que esta persona no posee el requisito de llevar una vida conforme a la fe”. Este requisito que argumentan no es otro que: no puedes ser una persona transexual.

Porque sí, Alexander es un chico transexual, pero ¿Es eso sinónimo de no llevar una “vida conforme a la fe”? ¿Qué lo prueba si ni siquiera lo conocen? ¿Cómo es que todavía la iglesia tiene tal poder, que es libre de decidir si una persona puede ser padrino o no de un bautizo, en base a lo que para ellos es considerado válido? Recordemos que es la misma iglesia que tolera los abusos a menores que (no tan infrecuentemente) se producen entre los miembros de sus filas, o que promueve una vida humilde y sencilla en boca de curas envueltos en oro y riquezas como para acabar con el hambre en el mundo varias veces. Esto sí es una vida conforme a la fe, faltaría más.

Tras lo ocurrido, Alexander ya ha comunicado su más que compresivo descontento, así como el de su familia, y ha afirmado que no piensa volver a tener ningún tipo de relación con la institución eclesiástica. Por su parte, miembros de la Asociación de Transexuales de Andalucía han exigido la ruptura del concordato entre el Estado y la Iglesia Católica, algo totalmente necesario en un país que dice ser aconfesional.


Vivir en el siglo XXI no solo debería significar tener mejores teléfonos móviles, coches más sofisticados y toda clase de trastos de ultimísima tecnología que aparecen un día sí y otro también. El nuevo siglo significa evolucionar como sociedad y empezar a comprender por ejemplo, que una frontera es solo una raya dibujada en un mapa y no nos hace diferentes vivir en uno u otro lado. Significa conseguir que las guerras solo se produzcan en nuestra mente al leerlas en un libro de historia. Significa saber que los dioses no son de unos pocos y no nos conceden potestad para decidir sobre la vida de la gente o incluso quitársela en su nombre. Significa que de una vez nos demos cuenta de no hay negros, blancos, gays o transexuales, sino personas. Simplemente, pero sobre todo, personas.  

Dejo aquí el enlace de la noticia completa, para el que quiera saber más:

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