lunes, 21 de septiembre de 2015

Tipos de clientes de hotel y cómo reconocerlos (2)



Después de hacer un recorrido por algunos de los clientes más habituales que podemos encontrarnos trabajando en un hotel, y que podéis leer en este blog si aún no lo habéis hecho (aquí), toca continuar y analizar los que aún quedan en esta segunda parte. There we go!!

El Borracho: muy frecuente durante el turno de noche (un turno sufrido como se puede ver) y es posible reconocerlo incluso antes de verlo entrar por la puerta ya que desprende tal olor a alcohol, que se pueden encender puros con su aliento. Una vez consiguen llegar a recepción es importante disimular las arcadas lo mejor posible y hablar de forma concisa, clara, pero sobre todo breve, ya que nuestro interlocutor una de dos: o está medio dormido y no es capaz de escucharte o en el rato en que has conseguido que entienda que lo que necesitas es su DNI y no el carnet de socio del club Conejo de la Suerte, se ha meado encima. Es habitual tener que explicarle varias veces por donde queda su habitación, incluso acompañarlo. Solo en casos extremos se recomienda arroparlo y darle las buenas noches.

El Pintas: el pintas es este cliente que cuando lo ves aparecer desearías que la recepción estuviera blindada. Reconocer a este cliente no entraña mucha dificultad: chándal de mercadillo de extrarradio, pendientes de oro y un brazo con tatuajes hasta el hombro donde siempre hay: un bulldog con un machete, la cara de Camarón y una o dos palabras en árabe, seguramente como recordatorio vitalicio de sus primeras víctimas. No suelen destacar por su amabilidad y buenas formas y a menudo emplean coletillas como: “májare”, “ira er payo” o “cocaína”. Existe una variante todavía más peligrosa que se da cuando se combinan el Pintas con el Borracho (el Pintacho), en cuyo caso lo más sensato es abandonar el país e iniciar una nueva vida en algún pueblucho criando nutrias.

El Grupo de Amig@s: cliente muy habitual en fin de semana, especialmente si hay algún acontecimiento especial en tu ciudad, ya sea un partido de fútbol, un concierto, un festival de música, un aquelarre, etc. La situación que se produce cuando llegan al hotel es más o menos así: el más espabiladillo se acerca a recepción para hacer el check-in. Mientras llevas a cabo el registro, de reojo ves que uno de ellos se entretiene en darle collejas a otro con la cara llena de granos y aparato de dientes. Un tercero está con la cabeza hundida en el móvil, intentando explicarle a la novia que esa noche van a quedarse en el hotel y no van a salir, que las 4 botellas de ron que han traído son solo para desinfectar heridas. Y un cuarto intenta tranquilizar sin muchas ganas al de las collejas mientras se lía lo que supones que es un cigarro. En caso de que el grupo sea de chicas, la situación es idéntica, solo que en lugar de haber una dando collejas, la encontramos buscando los támpax en el bolso como si tuviera una bomba a punto de explotar.

El Perturbado: este cliente no es muy frecuente y por lo tanto es valioso cuando aparece. Debido a su inestabilidad mental, puede ser que te granjee las mejores anécdotas de tu trabajo o unas jaquecas como demonios. Reconocerlo a simple vista no es posible, ya que es capaz de hacerse pasar por un cliente común. Es al entablar conversación con él cuando te das cuenta que algo no va bien: preguntas absurdas, miradas a ninguna parte, risas histéricas, historias sobre cómo fue abducido por un OVNI mientras recogía espárragos o lo simpático que le pareció Elvis cuando lo conoció aquella noche en Chueca… En mitad de la noche suelen aparecer por recepción o llamarte pidiendo que le suban un entrecot poco hecho, pero eso sí: siempre son simpáticos y nada les parece mal.

Está claro que el contacto directo con el público es fuente continua de historias, anécdotas, risas, descubrimientos… Aprendizaje. Aprendizaje es la palabra. Me gusta este trabajo. Me gusta aprender de la gente. Tiene momentos olvidables, donde piensas en si merece la pena, pero entonces llega un cliente y agradece tu ayuda o te felicita con una sonrisa por ser tan amable, y entonces te das cuenta: claro que merece la pena.


No hay comentarios:

Publicar un comentario