miércoles, 25 de noviembre de 2015

Ámbar


Allí estaba, parado frente al semáforo. Arrastraba una sensación algo agridulce que se iba disipando conforme la luz del mismo cambiaba de color. La primera vez que el verde volvió a aparecer ya había desaparecido.

Miró a su alrededor y se extrañó de que no hubiera nadie, más aun cuando no tenían que ser más de las doce de la mañana, pensó mientras miraba distraídamente su mano izquierda y comprobaba que no llevaba reloj. 

Pero daba igual, se sentía bien, como llevaba tiempo que no recordaba, así que decidió que dejaría de esperar (aunque ciertamente no sabia porque lo hacía y francamente tampoco le importaba) y cruzó el semáforo. Al llegar al otro lado giró a la izquierda y siguió caminando durante al menos cinco minutos, disfrutando de la fresca brisa que impregnaba aquel día tan increíble.

La primera persona que vio fue una florista que tenía un pequeño puesto junto a un parque (que estaba vacío). Decidió, no supo bien por qué, que compraría una rosa, así que sacó el dinero que tenía en la cartera y se lo dio a la joven que regentaba el puesto, que sonrió y le entregó la hermosa flor.

Con la misma en la mano siguió caminando. Parecía que la temperatura estaba aumentando, algo que no le disgustaba, pues seguía siendo bastante agradable. De pronto la vio. Su corazón dio un vuelco, agitando su pecho mientras amenazaba con salírsele por la boca. Era ella, no podía ser otra. Su larga melena negra ondeaba al viento. Llevaba una gabardina beige anudada a su cintura, lo que conseguía resaltar su estupenda figura. Sus maravillosos ojos verdes le escrutaban a lo lejos. Le había reconocido también, algo que comprobó cuando la vio saludarle con la mano en alto.

Aguantó las ganas de salir corriendo en su busca. Se moría por abrazarla. Por besarla. Por decirle al oído que no la abandonaría nunca. Nunca lo haría. Nunca…

Ambos fueron al encuentro del otro y, cuando sus cuerpos estuvieron frente a frente, él le dio la rosa, algo que pareció gustar bastante a la chica, que se abalanzó a sus brazos y le regaló un cálido beso en la mejilla. Él decidió que no era suficiente y le devolvió uno en los labios, de esos que paran el tiempo y parecen eternos.

Tenía miles de cosas que decirle pero, incomprensiblemente, no era capaz de articular palabra. La miraba y la volvía a mirar. ¡Qué guapa es!, pensaba mientras intentaba decirlo en voz alta. Pero no podía, así que decidió volver a abrazarla. Era tal la felicidad que sentía que sólo quería sentirla, oler su cálido perfume, demostrarle que no la dejaría nunca. Nunca lo haría. Nunca…

De pronto ella se soltó y salió corriendo, cruzando el semáforo que en aquel momento estaba en verde. Él no entendía nada, pero la siguió. Comprobó que ya no estaban solos, había mucho bullicio en la calle, con personas de aquí para allá, vehículos que recorrían las calles que antes estaban desiertas… ahora parecía que todo tenía vida. Pero ella se alejaba y, por mucho que corriera, no parecía que fuera a alcanzarla. Comenzó a sentirse mal. La increíble felicidad que había sentido hasta ese momento estaba desapareciendo tan deprisa que le heló el corazón en cuestión de segundos. 

De pronto la vio de nuevo. Estaba parada frente a un semáforo que estaba en ámbar. Él gritó su nombre y ella lo miró. Pudo descifrar un último te quiero saliendo de sus labios justo antes de que el semáforo se pusiera en rojo y ella lo cruzara en el momento en el que un gran monovolumen hacía lo propio… 

Sus propios gritos le despertaron. Estaba empapado en sudor y tenía los ojos llenos de lágrimas. Había vuelto a verla en sueños. Había sentido la felicidad que tanto recordaba cuando estaban juntos. Y como en la vida real, la había vuelto a perder

Estaba triste pero a la vez feliz. Sí, sentía dolor cada vez que tenía ese sueño, pero la increíble sensación de volverla a ver, de abrazarla, olerla, sentirla… compensaba todo, por mucho que, cuando despertaba, supiera que todo había sido un sueño. Porque, qué es la vida en ocasiones sino…

2 comentarios:

  1. Bufff. Amargo relato aunque el protagonista prefiera recrearse en ese sueño. Es muy romántico aunque trágico a la vez. Me ha gustado bastante tanto en construcción como en el resultado. Seguid así ;)

    Y sí, a veces la vida es... :P

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  2. Muchas gracias Dani. Me alegro de que te haya gustado. Contigo es un placer escribir XD y nos das mucho ánimo para seguir. En serio.

    Y sí, es romántico y trágico a la vez. Pero la vida es así la mayoría del tiempo, una montaña rusa. Como dijo alguien una vez: la vida es sueño y los sueños sueños son...

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