miércoles, 27 de enero de 2016

Han intentado estafarme

En los últimos años, todos hemos conocido alguna noticia relacionada con timos o estafas. La mala situación económica que atraviesa nuestro país desde 2008 ha propiciado la aparición de toda clase de bulos y artimañas llevados a cabo por personas sin escrúpulos que intentan sacar dinero a costa de la difícil situación que atraviesan muchas familias. Falsas ofertas de empleo, revisiones de butano fraudulentas, incluso viejos trucos como el tocomocho han vuelto a ponerse de moda. Todos nos consideramos inmunes a estas cosas y damos por seguro que no vamos a caer, hasta que lo hacemos. Y eso es justo lo que ha estado a punto de pasarme. Nunca he contado ninguna experiencia personal en el blog y ya me apetecía, además de interesante también considero que puede resultar útil dar a conocer este tipo de cosas así que ahí voy.

Eran cerca de las seis de la tarde cuando sonó el timbre. Dos chicas jóvenes, de unos dieciocho o veinte años, decían venir de parte de la empresa energética con la que tenemos contratado el gas. Después de presentarse, mi madre les dejó pasar (cosa que normalmente no hace) y una vez acomodadas lo primero que nos pidieron fue un recibo del gas. Nos comentaron que estaban visitando a los clientes para informar de una actualización de las tarifas por la que podríamos ahorrar hasta un 10% en las sucesivas facturas, alegando que la que nosotros tenemos contratada actualmente no se corresponde con la que deberíamos tener.

Lo primero que llamaba la atención era que solo hablaba una de ellas y además con una confianza que resultaba excesiva, haciendo preguntas personales, pidiendo agua, una silla para sentarse, incluso si podía cargar su móvil. Su compañera era aun más extraña pues aparte de asegurarnos que estaba aprendiendo, llevaba una tablet de la empresa que no dejaba de toquetear… y una peluca.

Una vez entregada la factura que pidió, la otra chica empezó a soltarnos un sermón sobre el supuesto cambio de tarifas, explicando todo muy rápido y usando términos técnicos que nadie entiende pero que suenan muy bien. Tras esto, pidió los DNIs de mis padres y les aseguró que el proceso era sumamente sencillo, solo tendrían que facilitar unos cuantos datos, firmar un par de papeles y todo quedaría resuelto en ese mismo instante.

Álvaro, al que conocéis de escribir en el blog, estaba en ese momento en casa y fue quien me advirtió de que no le estaba gustando todo aquello. A partir de ese momento empecé a prestar más atención a todo lo que comentaban. Mis padres seguían sacando papeles y ellas tomando nota en la tablet, hasta que las escuché pedir el número de cuenta del banco. En ese momento me acerqué a la chica que hablaba todo el rato para preguntarle a cuento de qué venía todo esto, ya que si es verdad que la compañía está actualizando las tarifas, lo normal es que mande una carta informativa y no a dos personas a hacer algo que perfectamente se puede hacer desde la central, puesto que ellos ya tienen los datos de todos los clientes. No consideraba que aquello fuera la forma de hacer esas cosas.

La muchacha en ese momento se puso a la defensiva, sacó su tarjeta identificativa (obviamente falsa) y me espetó que podía llamar a la compañía si quería y preguntar por ella. En lugar de eso, les pedimos que anularan cualquier cosa que hubieran hecho en ese tiempo y que por favor se fueran de casa. Su última frase fue: “si quieren seguir pagando más, allá ustedes”

Como es normal, después de aquello nos quedamos intranquilos, por lo que llamamos al teléfono de atención al cliente de la empresa, les explicamos lo ocurrido y les pedimos que no autorizaran ningún cambio en el contrato porque por nuestra parte todo quedaba igual que estaba.

Indagando después por internet fue cuando descubrí que habían estado a punto de timarnos. Aquellas dos chicas pertenecían en realidad a una empresa independiente que comercializa productos energéticos y que se dedican a contratar servicios que la gente no solicita o incluso cambiarte de compañía. No vienen de parte de tu compañía ni te van a hacer pagar menos, todo lo contrario. Se trata de una estafa bastante generalizada y que viene llevándose a cabo desde hace varios años, normalmente a gente de avanzada edad que poco entiende de estos temas.

Nadie va a llamar a tu puerta para regalarte nada. Todos somos conscientes de estas cosas pero a la vista está de que no podemos bajar la guardia. No me gusta no poder fiarme de la gente, soy de los que nunca quieren ver las malas intenciones en los demás, pero al final vivimos obligados a pensar de otra manera. Y eso es muy triste.

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