viernes, 15 de enero de 2016

LODVG: El Viaje de Copperpot / Bioshock

Sr. Exquisito recomienda: EL VIAJE DE COPPERPOT (LOVG)

Hablar de un disco de La 
Oreja de Van Gogh no es nada fácil. No en vano son el grupo más importante que ha visto nuestro país en muchísimo tiempo. Pero hacerlo de El Viaje de Copperpot es incluso más complicado aun. Y lo es porque este disco significó la consolidación de estos cinco amigos dentro del panorama musical.

Después de Dile al Sol, disco debut con el que irrumpieron y de qué manera en nuestro país (800,000 copias), todos los ojos estaban puestos en ellos. Y no lo tenían nada fácil. Pero con su segundo disco, que salió en el 2000 (dos años después del primero), consiguieron eso que está al alcance de muy pocos: superarse, además de ofrecer un sonido que, desde ese momento, es seña identidad del grupo. 

Acostumbrados como estamos a discos en los que tenemos dos o quizás tres temas buenos y mucho relleno, encontrarse con 12 tracks (más el bonustrack Tic Tac) de indudable calidad es algo que no se ve todos los días. Porque cuesta encontrar una canción que esté a un nivel que no sea merecedora de formar parte del mismo.

Cuídate, Soledad, París, La Playa, La Chica del Gorro Azul, Tu Pelo, Tantas cosas que contar, Tic Tac… por poneros unos cuantos ejemplos (que me ha costado elegir) de los temones que ofrece el disco, no hacen sino confirmar que los chicos estaban tremendamente inspirados cuando lo compusieron, con letras sobre el amor (más bien el desamor), la melancolía e incluso una en la que hablan sobre la marihuana, pegadizas y que consiguen emocionar y llegar al corazón del que las oye. 

Como fan del grupo lo considero uno de sus mejores trabajos (sino el mejor, ya eso es cuestión de gustos) y espero y deseo que, el disco que comenzarán a grabar en abril, consiga traernos a LODVG que todos echamos tanto de menos. Si nunca lo has oído, debes hacerlo. Nos lo agradecerás.


Sr. Exquisito recomienda: BIOSHOCK


Era verano de 2007, el boom de los shooters en primera persona se encontraba en pleno apogeo, siendo Call of Duty el gran abanderado del género, con todos los juegos de disparos queriendo parecerse a él debido al enorme éxito que la saga cosechaba en aquellos momentos. En medio de este escenario de shooters clónicos aterrizaba Bioshock para demostrar que no todo estaba inventado en el género.

Año 1960. Un accidente en el avión donde viajábamos hace que acabemos en mitad del océano sin más señales de vida que un faro cercano. Tras llegar nadando hasta allí descubrimos que es la entrada a Rapture, una ciudad submarina creada por el humanista Andrew Ryan para poder alcanzar su utópica visión: una sociedad donde el hombre viva por y para él mismo, sin religiones ni sistemas de gobierno que lo opriman. Sin embargo, todo está totalmente desolado y aparentemente sin rastros de vida. ¿Qué habrá ocurrido?  

Lo primero que llamó la atención en Bioshock era la ambientación oscura y tétrica del videojuego, próxima a la de los juegos de terror y muy alejada de lo que se venía viendo por aquel entonces en los FPS (First Person Shooter) de moda. Sin embargo, si por algo el juego supuso una vuelta de tuerca en el género fue porque dejaba a un lado el componente online, modo estrella en todos sus competidores y por el que las compañías más se afanaban, y se centraba en la campaña para un jugador, haciendo de la narrativa (adulta) una parte vital de su propuesta.

¿Un shooter sobre temas políticos y sin online? Hoy en día quizá no sea tan extraño, pero hace 9 años esto resultaba impensable. Y precisamente el éxito y el mérito de Bioshock reside ahí, en aparecer en un momento donde todos los FPS parecían llevar una sola dirección y reivindicar que también podían contar buenas historias y atraer la atención de los que hasta ese momento habían pasado por alto este tipo de juegos.


En resumen, si eres amante de los videojuegos tienes que jugarlo, si aun no lo has hecho, incluso aunque no te atraiga nada el género. Rapture, es mucho Rapture.


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