lunes, 18 de enero de 2016

Viajar a donde vives.

Me encanta viajar. Si echo la vista atrás y hago balance de los mejores momentos que he vivido hasta ahora, más del noventa por ciento de ellos corresponden a los días que he estado fuera de casa viajando. Ocupan ese rincón especial y privilegiado de mi memoria no solo por los los buenos ratos con los amigos, las risas, las fiestas o las anécdotas, que por supuesto han contribuido en gran medida, sino por todo lo que me han hecho aprender.

Viajar es, por supuesto, conocer lugares, monumentos y rincones, pero también personas, costumbres y formas de vivir. Estar en una ciudad desconocida no solo significa visitar sitios desconocidos, es además entender que existen  otras maneras de entender el mundo, otras formas de sentir, de relacionarse, de pensar, de vivir. Aprendemos en un doble sentido, porque al mismo tiempo que descubrimos todo esto que es nuevo para nosotros, lo asociamos automáticamente al lugar de donde somos y por tanto, lo redescubrimos también. Lo vemos todo con una nueva perspectiva que hasta ese momento no teníamos y nos damos cuenta de que la mejor forma de conocer el lugar donde vivimos es saliendo de él.

En general, si no abandonamos nuestra zona de confort tenemos una visión del mundo en la que todo orbita en torno a lo que conocemos y esto no es así. Lo que conocemos es en realidad una parte muy pequeña dentro de un todo ciertamente enorme. En cierta manera es inevitable tener esta percepción de las cosas, vivimos acorde a las costumbres del lugar donde nacemos y es lo que consideramos normal. Si toda la vida has comido con cuchara y tenedor y un día ves a una persona haciéndolo con palillos, tu reacción será pensar que es algo raro. Lo que no nos paramos a pensar es que a esa persona puede resultarle igualmente raro el que tú comas con cuchara y no con palillos como ha hecho ella toda la vida. Por lo tanto, no hay comportamientos raros y comportamientos normales, hay diferencias, perspectiva, como comentábamos antes. La perspectiva que solo da el hacer la maleta y meterse en un avión.

Por eso viaja, todo lo que puedas. Por todas estas razones y por cualquier otra que tengas o simplemente porque sí. A veces las mejores cosas pasan porque sí. Realmente no hace falta ningún motivo para salir un día de tu casa y visitar esa ciudad que tienes a menos de una hora en coche y a la que no has ido en todos estos años. Con las ganas y la ilusión es más que suficiente, como casi todo en la vida. Y la vida a fin de cuentas no es otra cosa que un viaje.

2 comentarios:

  1. Un aplauso por esa entrada. A mí también me encanta viajar, de hecho, uno de mis dos grandes sueños es pasarme la vida entera viajando (el otro es convertirme en una gran cineasta, pero ps). ¡Nos leemos, un abrazo!

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    1. Viajar debería estar subvencionado por el estado jajajaja Mil gracias por leernos y lo de ser cineasta solo es proponérselo, seguro que lo consigues! Nos leemos!! :)

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